jueves, diciembre 28, 2006

Recuento de los daños

El sábado 23 de diciembre pasado, fue mi cumpleaños y estando en Léon, Gto. con mis familiares para festejar juntos la Navidad. Ese día hubo una tranquila comida en la casa de campo de una prima y mi cuñado, una carne asada de lujo, unas fajitas de arrachera que se cortaban solitas tan solo con el tenenor, una maravillosa experiencia carnívora de sabor y textura (que por falta de apetito no consumí en suficiente cantidad para lo que vendría después).

Después de esto nos fuimos a casa de prima y cuñado a ver el juego entre los Raiders de Oakland y los Jefes de Kansas City, donde los primeros perdieron 9-20 (equipo de mi cuñado), decidimos ir a festejar mi cumpleaños (no me gusta festejar mi cumpleaños) a la fabulosa y colonial ciudad de Guanajuato, y emprendimos el viaje 2 de mis hermanos, un primo, oriundo de León y una prima originaria de Monterrey.

El precopeo fueron unas Indio bien heladas, además del gélido clíma, en el Bar Lounge Luv, un lugar acogedor, tranquilo y con un cantinero que no sabía preparar un astronauta (tengo que admitir que hasta ese momento yo tampoco lo conocía), viendo, mas no escuchando el final de Kill Bill 2 y luego un video de la FIFA. Después pasamos al Guanajuato Grill, el antro en cuestión, un antro acondicionado en el patio interior de una vieja cazona colonial muy interesante por la decoración enre eclesiástica y colonial, medio fresón, al momento de entrar nos reciben con música pop, que muchos sabrán no es mi favorita, pero entrada la madrugada, después de un par de vodkas uva, la música fue cambiando de tono hasta volverse un mar psicodélico electrónico, que ya fue más disfrutable y apto para mostrar la forma en que una persona se puede convulsionar parado, o sease, mi forma de bailar. Terminado el ciclo musical y ya con la luces encendidas y los guardias atrás de nosotros para desalojar el lugar, comencé una acalorada discusión con un americanista (yo soy PUMA de hueso colorado) hasta que recibí un jalón de uno de mis hemanos, el midé 1.87 y pesa 87 kg y yo apenas 1.75 y peso 60, creo que tuvo suficiente energía cinética el jalón para poder moverme de la discusión que estaba muy buena.

En ese momento y con la caminera emprendimos la búsqueda de un after y bueno ya saben lo que dicen, no es el alcohol lo que te embriaga sino el viento frío que te pega en la cara, y dicho y hecho todo iba muy bien hasta que llegamos al lugar (un lugar de la mancha, por la borrosa visión que comenzaba a tener, de cuyo nombre no puedo acordarme), subimos y pedimos otras Indio, en ese momento en que uno de mis hermanos las puso sobre la mesa, tuve que salir corriendo al baño, porque los estragos del alcohol, la vasodilatación central por el clima frío (lo que hace que llegue más alcohol sin metabolizar al cerebro y te embriague más) y la falta de alimento al medio día hicieron de las suyas y terminé en el baño cantando Oaxaca, a partir de este momento y hasta como las 10 horas del día siguiente ya no tengo uan clara memoria de lo que pasó, sólo sé que mis acompañantes pasaron a comerse unos tacos, casi destruyo la puerta de la camioneta de mis tíos al abrirla en movimiento para volver a cantar Oaxaca (yo sólo recuerdo haber visto el piso en movimiento pero no vi ningún poste) y que llegamos a las 6:30 de la mañana del 24 y que mi primo tuvo que ayudarme a subir al cuarto donde iba a dormir (también lo recuerdo). Ya como a las 14 horas cuando la cabeza ya no me dolía al estirarme decidí bajar a "desayunar" una lasaña muy buena.

Así que este fue el recuento de los daños de mi festejo de cumpleaños cosa que no me gusta hacer pero que el comentario final de mis primos fue, imagínate si te gustara...